Por: Natalia Lobo (@natysideas)

You still don’t know what I never said. 

Estaba de camino a su casa. Eran las 9:45 p.m. Manejaba un poco por encima de los 80 Km/h. Constante. Sonaba la radio. Una voz femenina y entusiasta presentó a un cantante. Pero ella no le prestó atención. Escuchó los primeros acordes y un nombre se le vino a la mente. Fue una palabra fluida, que rimaba y encajaba de manera perfecta con la música.

Por ello sonrió. Sonrió porque recordó todos los amaneceres que vieron juntos y las charlas que tenían para mantenerse despiertos mientras rodaban hacia el trabajo. Pero, poco a poco, la felicidad de los recuerdos se fue tiñendo de azul. Escuchando atentamente la letra se dio cuenta de que, a pesar de la melodía suave y relajada, la canción no era feliz.

Quitando una mano del volante, buscó a tientas su celular. Lo había lanzado en el asiento del copiloto unos minutos atrás. No quería perder el control, pero ella tenía que saber el nombre de la canción. Cuando por fin tomó su teléfono, abrió Shazam intentando no distraerse mucho. Impaciente esperó a que la aplicación reconociera la pista. “He vivido en las migajas de tu amor y me muero de hambre ahora…”, seguía la voz ronca y dolida.

From Afar – Vance Joy. Se rio de sí misma al leerlo. ¡Por supuesto que le sonaba a él! Ese era uno de los tantos cantantes que le había recomendado hace un tiempo, pero que ella nunca buscó por flojera. Volvió a dejar el teléfono en el asiento del copiloto. Sintió algo parecido a la pena, algo que bailaba entre su estómago y su pecho, dándole la sensación de que se quedaba sin aire. Tantas ocasiones para decirle que lo quería, para insinuárselo aunque sea… Todas se convirtieron en oportunidades perdidas.

Entonces, pensó que debía escribirle. Pensó en contarle su curioso incidente, decirle que tenía razón, que de verdad Vance Joy era bueno… Se fijó en la hora. Eran las 9:46 p.m. Y cayó en cuenta que él no estaba allí, en la ciudad. Se acordó de que él estaba en Londres. A miles de kilómetros de distancia. Que allí debían ser más o menos las tres de la mañana. Y no sólo eso, sino que se sintió una completa estúpida al darse cuenta de que, de todos modos, él tenía otros mensajes que esperar.

Siempre supe que te amaría de lejos…”. Se preguntó si todo hubiera sido diferente si tan sólo le hubiera prestado más interés a las canciones que él le recomendaba y a aquellas que escucharon juntos. Dejó que la respuesta fluyera mientras escuchaba su canción en completa soledad y sintiéndose muy fría. “No debería ser una sorpresa lo que estoy sintiendo ahora…”.

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